Omu
Omu Se produjo un pequeño altercado amistoso acerca de quién debía tener el honor de atender a los forasteros. Al fin, un viejo caballero alto, llamado Marharvai, calvo y de barbas blancas, nos cogió de la mano, y nos condujo a su casa. Una vez dentro, Marharvai señaló con su bastón todo lo que había, y fue tan obsequioso al asegurar que su casa era la nuestra, que Fantasma Largo sugirió que bien podía entregarnos la escritura.
Estaba cercano el mediodía; después de una ligera comida de fruto del pan asado, unas pocas caladas de una pipa y algo de charla animada, nuestro anfitrión invitó a todos a disfrutar de una maravillosa siesta. Aceptamos, y así saboreamos un sueñecito en buena sociedad.