Omu
Omu Sobre los helechos que teníamos delante, se habían apilado varias capas de las anchas y gruesas hojas de purú; encima de estos montones, unas junto a otras, habían puesto hojas nuevas de plátano, de al menos dos yardas de longitud y de gran anchura, desprovistas de sus tallos para que quedaran planas. Sobre este mantel verde había: primero, una cantidad de hojas de purú a modo de platos, colocadas a un lado; junto a cada una, una cáscara de coco rústica, llena hasta la mitad con agua de mar, y un panecillo tahitiano, o fruto del pan pequeño, bien tostado. Una inmensa calabaza llana, colocada en el centro, rebosaba de innumerables envoltorios menudos de hojas mojadas y humeantes, en cada una de las cuales había un pescado pequeño, asado en el suelo y en su punto. Esta pirámide estaba flanqueada por calabazas ornamentadas. Una estaba llena del dorado poí o pudín de plátano rojo de las montañas; en la otra había gran cantidad de tortas de nabo indio, previamente macerado en un mortero y amasado con leche de coco, y después horneado. En los espacios entre los tres recipientes, había cocos tiernos, sin sus cortezas, cuyos ojos estaban abiertos y agrandados, para que cada fruto hiciera las veces de vaso ya servido.