Omu

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Al llegar al extremo del canal rodeamos una punta, y desembocamos en la bahía de Hannamanu. Es la única ensenada de cierta importancia en la isla, aunque a efectos de fondear con seguridad apenas si merece tal nombre.

Antes de que entabláramos comunicación con la costa, se produjo un incidente que puede dar alguna idea más acerca del carácter de nuestra tripulación.

Después de acercarnos a tierra todo lo que era prudente hacerlo, se detuvo la marcha y esperamos la llegada de una canoa que estaba saliendo de la bahía. En ese instante quedamos a merced de una fuerte corriente que nos empujó rápidamente hacia un promontorio rocoso que constituía un lado de la bahía. El viento se había aplacado, y por ello de inmediato se echaron al agua dos botes para hacer virar la proa del barco. Antes de poder efectuar esta maniobra, los remolinos nos rodeaban por todas partes y el promontorio estaba tan cerca que parecía posible saltar hasta él desde el tope del palo. A pesar del mudo espanto del capitán y de los gritos roncos del impertérrito Jermin, los hombres tiraban de los cabos lo peor que podían, y algunos hasta reían ante la perspectiva de bajar a tierra, y otros se mostraban tan deseosos de que el barco naufragara que apenas si se contenían. Inesperadamente una contracorriente nos empujó y, con la ayuda de los botes, pronto estuvimos fuera de peligro.


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