Omu
Omu En primer lugar, una de ellas era Marhar-Rarrar, Ojos Vivaces; en segundo, ni ella ni sus avispadas compañeras habían pensado jamás en hacer ese viaje hasta que el doctor y yo anunciamos nuestro propósito; que fueran con nosotros no era más que una travesura descabellada. En pocas palabras, eran un trío de mandonas perversas, con inclinaciones malignas, que se reían en nuestras narices cuando nos mostrábamos sentimentales, y sólo toleraban nuestra compañía cuando querían divertirse a nuestras expensas.
Siempre había algo en nosotros que despertaba su regocijo. El doctor lo atribuía a su notable figura, y aumentaba la diversión de las muchachas representando el papel de un bufón, aunque su gorra y sus cascabeles sólo sonaran con una misma canción; mientras él hacía el tonto, yo tenía serias sospechas de que intentaba representar la parte de un libertino. En nuestra tierra, lo que más éxito tiene a la hora de cortejar son las charreteras, pero entre los polinesios, un pretendiente tiene mejores oportunidades si va de payaso.
Se levantó un vientecillo pujante, izamos la vela de fibras trenzadas, y nos deslizamos con tanta placidez como si flotáramos en un arroyuelo de tierra adentro, con el arrecife blanco a un lado y la playa verde al otro.