Omu
Omu A poco, tras sortear una punta, nos encontramos con otra canoa, en la que remaban con todas sus fuerzas y en dirección contraria, unos desconocidos que iban gritando; en la proa, un hombre alto bailaba como un loco. Pasaron a nuestro lado como una flecha, aunque nuestros compañeros les gritaron una y otra vez que dejaran de remar.
Según dijeron los nativos, se trataba de una especie de canoa-correo real, que llevaba un mensaje de la reina a sus amigos de algún lugar apartado de la isla.
Nos deslizamos delante de varias enramadas densas, que parecían muy acogedoras, y propusimos fondear, para aliviar la monotonía del viaje por mar con un paseo en tierra. Sacamos la canoa hasta unas matas, detrás de una palmera en descomposición que en parte estaba en el agua, dejamos que los viejos echaran un sueño a la sombra, e invitamos a las muchachas a caminar entre los árboles, cubiertos de enredaderas y plantas trepadoras.