Omu

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Sin embargo, estas barreras responden a otro propósito, pues forman todos los puertos de este archipiélago, incluidos los veinticuatro que hay en las costas de Tahití. Es curioso señalar que las aberturas en los arrecifes coralinos, por las que las naves entran para anclar, siempre están frente a la desembocadura de los cursos de agua, una ventaja que aprecian mucho los marineros que llegan para renovar la reserva de agua de sus barcos.

Se dice que el agua que fluye desde tierra, al mezclarse con las sales del agua de mar, impide la formación del coral, y así se originan las aberturas. En algunas partes estas aberturas tienen como centinelas, por decirlo así, islillas mágicas, verdes como esmeraldas, pobladas de palmeras ondulantes, que dividen extraña y bellamente la larga línea de rompientes: nada hay que pueda estimular la fantasía de una manera más vívida. Pomaré II, con un criterio verdaderamente tahitiano en materia de balnearios, eligió una de ellas como sitio de retiro real. Frente a este lugar pasamos en nuestro viaje.

Omitiremos varias aventuras que nos acontecieron después de dejar a nuestros acompañantes de Luhulú, para apresurarnos a narrar lo que ocurrió justo antes de llegar a nuestro destino.


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