Omu
Omu Después de esto, sobrevino una tormenta, y el comodoro, al timón, instintivamente mantuvo la barca con el viento en popa, por lo que fue a dar a la isla de Imeeo, enfrentada a Tahití. Después de atravesar el canal, casi de milagro pasaron directamente por una abertura del arrecife, y encallaron en un saliente del coral, donde las aguas estaban bastante tranquilas. Allí estuvieron hasta la mañana, cuando los nativos se les acercaron en sus canoas. Con la ayuda de los isleños, consiguieron desencallar la goleta, que ya estaba en las últimas; entonces, al descubrir que el fondo se había hecho pedazos, los aventureros vendieron por una bicoca la barca al jefe del distrito, y se quedaron en tierra haciendo rodar su preciosa barrica de licor. Pronto se evaporó el contenido espiritoso, y ellos llegaron a Partoowye.
Al día siguiente de haber conocido a estos hombres, nos paseábamos entre los bosquecillos de la vecindad, cuando nos encontramos con varias partidas de nativos armados con mosquetes viejos, machetes oxidados y porras estrafalarias. Sacudían los arbustos, gritando a voz en cuello, al parecer para espantar a alguien. Lo que hacían era perseguir a los extranjeros que, después de contravenir en una sola noche todas las leyes del lugar, habían pensado en la conveniencia de esfumarse.