Omu
Omu LA SEÑORA BELL
Un día, mientras, pensativo, daba un paseo vespertino por uno de los muchos caminos de herradura que atraviesan los bosquecillos frondosos de los alrededores de Talú, me sorprendió una aparición luminosa. Era una bonita mujer inglesa, joven, con un vestido encantador, montada en un pequeño y brioso poni blanco. Apareció al sortear una rama verde, y se acercaba a mí al galope.
Miré a mi alrededor, para ver si de verdad estaba en Polinesia. Había palmeras, sí, pero ¿cómo podía estar allí esa señora?
Me hice a un lado cuando estuvo cerca, y saludé con cortesía. Ella me echó una mirada abierta y simpática; después, con aire jovial, palmeó a su cabalgadura y exclamó:
—¡Corre, Willie! —Y desapareció al galope entre los árboles.
Tendría que haberla seguido; sin embargo, por el ruido de los cascos de Willie entre las hojas secas, supe que la persecución habría sido inútil.
Por lo tanto, volví de inmediato a casa de Po-Po, y conté al doctor mi aventura.
