Omu

Omu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las damas de la corte, no demasiado refinadas, eran sorprendentemente libres y abiertas en sus modales, casi tanto como las bellezas del rey Carlos49. Tratamos de caerle en gracia a una de ellas —una jovencita pícara, que podía conversar con nosotros fluidamente—, con la idea de lograr que fuese nuestra guía.

Como tal, resultó ser todo lo que podíamos desear. Nadie se oponía a sus deseos, entraba en todas partes sin ceremonia, corría las cortinas, levantaba las esteras, y exploraba todos los rincones y recovecos. No sé si la damisela llevaba el sello real, para que todo se abriera así ante ella, pero el propio Marbonna, el ayo de los niños, no podía haber sido ni la mitad de útil.

Entre otras, visitamos una casa amplia y bonita, residencia personal de un europeo —antiguo oficial de un buque mercante— que se había hecho el honor de casarse dentro de la familia Pomaré. La dama con la que había matrimoniado era una parienta cercana de la reina, y así fue como se convirtió en miembro permanente de la casa de su majestad. Este aventurero se levantaba tarde, se vestía como un personaje teatral con ropas de calicó y baratijas, adoptaba un tono dictatorial en la conversación y —era obvio— estaba muy satisfecho de sí mismo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker