Typee
Typee Esa noche nada me impidió, ni siquiera el dolor que sentía, dormir plácidamente. Dormí en dos o tres intervalos, mientras Toby estaba tumbado a mi lado como un tronco o como si estuviera envuelto entre dos sábanas de holanda. Por suerte no llovió, lo cual nos evitó las molestias que nos hubiera ocasionado un chaparrón.
Por la mañana me despertó la sonora voz de mi compañero haciéndome vibrar los tímpanos, instándome a levantar. Salí a rastras de nuestro lecho de hojas y me sorprendí al ver lo que un buen descanso nocturno había producido en su apariencia. Estaba tan alegre y vivaz como un avecilla y mitigaba la intensidad de su apetito matutino mascando la suave corteza de una fina ramita que sostenía en la mano, acción que me conminó a imitar como antídoto admirable contra los estragos del hambre.