Typee
Typee Al fin la ira del jefe se evaporó y en pocos segundos volvió a su placidez anterior. Con la mano en el pecho me dio a entender que se llamaba Mehevi y a cambio, preguntó mi nombre. Vacilé un instante, pensando que le sería difícil pronunciarlo. Luego con la mejor intención de mis gestos le hice conocer que me llamaba Tom. Sin embargo, la elección no fue la mejor: el jefe no pudo repetirla. "Tommo", "Tomma", "Tomme", cualquier cosa menos Tom a secas. Como insistía en adicionarle una sílaba más al nombre, llegué a un acuerdo con él en cuanto a "Tomo" y por ese nombre me llamaron durante todo el tiempo que permanecí en el valle. El mismo proceso siguió con Toby, cuyo melifluo nombre les resultó más fácil de pronunciar.
Un intercambio de nombres equivale a la ratificación de buena voluntad y amistad entre esta gente sencilla; y conocedores del hecho, nos complació que se produjera.