Typee
Typee Así era ese plato, cuyos méritos ahora discutiría. Lo miré desilusionado por un momento e incapaz de continuar la ceremonia, introduje la mano en la blanda masa y para estrépito de los nativos, la extraje llena de poi-poi, el cual se adhirió a mis dedos produciendo largos hilos pegajosos. Su consistencia es tan compacta que al llevarme la mano llena a la boca casi levanto la jícara de la estera. Esta exhibición de torpeza —en la cual, en su turno, Toby me hizo compañía— dislocó de risas incontrolables a todos los espectadores.
Tan pronto como disminuyó la diversión, Mehevi, solicitando nuestra atención, hundió el dedo índice de su diestra en el plato y dándole un rápido y magistral giro lo cubrió uniformemente con el preparado. Con un segundo movimiento singular evitó que el poi-poi cayera al piso y se lo llevó a la boca, donde lo introdujo y lo sacó totalmente libre de la sustancia pegajosa. Esta exhibición tenía la evidente intención de instruirnos; por lo que ensayé de nuevo según los principios inculcados, pero sin mucho éxito.