Typee
Typee ¡Qué delicioso perÃodo de lánguida ociosidad tuvimos mientras nos deslizamos con el viento! No habÃa que hacer nada; circunstancia que coincidÃa perfectamente con nuestros deseos de trabajar. Abandonamos completamente nuestros camarotes y extendiendo un toldo sobre el castillo de proa, dormimos, comimos y holgazaneamos allà el santo dÃa. Todos parecÃan estar narcotizados. Incluso los oficiales, cuyo deber les prohibÃa sentarse en sus guardias, casi no podÃan mantenerse en pie e invariablemente tenÃan que ceder, recostarse contra la borda y mirar absortos al mar. Era imposible leer; en cuanto se abrÃa un libro, el sueño no se hacÃa esperar.