Typee
Typee Concluida la comida, se encendió una pipa que pasó de boca en boca y cediendo paso a su influencia soporífera, la quietud del lugar y las penetrantes sombras del anochecer, mi compañero y yo entramos en un estado de somnolencia, mientras el jefe y Kori-Kori parecían dormir a nuestro lado. Desperté de una siesta inquieta alrededor de la medianoche, según supuse; y levantándome parcialmente de la estera, me percaté de que nos rodeaba la mayor oscuridad. Toby aún dormía, pero nuestros otros acompañantes habían desaparecido. El único sonido que rompía el silencio del lugar era la asmática respiración de los ancianos que ya mencioné, quienes reposaban a poca distancia de nosotros. Además de ellos, según pude divisar, no había nadie más en la casa.
Temeroso de algún peligro, desperté a mi camarada y nos enfrascamos en una susurrante conversación acerca de la inesperada retirada de los nativos, cuando de pronto, en las profundidades del bosque, vimos claramente las incipientes llamas de una hoguera y pocos segundos después se iluminaron los árboles que nos rodeaban, acentuando aún más la penumbra que nos absorbía.
Mientras mirábamos esta vista, oscuras figuras parecieron moverse de un lugar a otro frente a las llamas; otras, danzando y saltando, parecían demonios.
Observando este nuevo fenómeno no con poco estremecimiento, me dirigí a mi compañero:
—¿Qué querrá decir todo esto, Toby?