Typee

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A pesar de las desagradables reflexiones que embargaron mi mente, me entretuve con la animada vista que tenía ante mis ojos. Uno tras otro, los nativos marcharon por el estrecho sendero cargados de todo tipo de frutas. Allá se veía uno que, después de vanos intentos por persuadir a un arisco cerdo para que cediera a la presión de las cuerdas, al final tuvo que cargar en brazos al perverso animal que luchaba contra el desnudo pecho y chillaba sin parar. Acá iban dos, que a poca distancia se confundirían con los espías hebreos que llevaron a Moisés los enormes racimos de uvas[26] Corrían los dos, separados por un palo a una distancia de un par de yardas y de) cual colgaba un gran racimo de plátanos que oscilaba de un lado a otro por los rítmicos saltos que daban. Aquí iba otro, sudando de tanto correr y cargar una serie de cocos y quien, temeroso de retrasarse, no se preocupaba por recoger los que caían de su cesto pareciendo pensar sólo en llegar a su destino sin importarle cuántos cocos llegarían con él.

En poco tiempo el último rezagado desaparecería por el sendero y los débiles gritos de los demás se oyeron cada vez más lejanos. Esta parte del valle quedó casi desierta, Kori-Kori, su anciano padre y otros viejos decrépitos fueron los únicos que quedaron.


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