Typee
Typee El viejo, temeroso por los gritos, hace un último esfuerzo; y el jovenzuelo finge afanarse pero mira de soslayo a la dama para saber cuándo dejar de fingir. La señora pierde la paciencia: "¡Juki, juki!" y descarga el pesado mango de su gran abanico sobre la cabeza del viejo salvaje; mientras el joven se echa a un lado y queda fuera de su alcance.
—¡Juki, juki! —vuelve a gritar la dama—. ¡Juki tata kannaka!
(Halen con fuerza, hombre.); —pero en vano, y al final tiene que bajar y —triste esfuerzo— ir caminando hasta la cima de la loma.
En la ciudad donde vive este ejemplo de humildad hay una espaciosa y elegante iglesia americana, donde se celebra regularmente el servicio divino. Dos veces cada domingo al final de la misa pueden verse una o dos hileras de coches ubicados frente al edificio con dos escuálidos nativos semidesnudos parados al lado de cada uno en espera de la salida de la congregación para llevar a sus amos a casa.