Typee

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Luego la dama se inclinó con altivez y entró a la casa. Cuando el desconcertado oficial se retiraba lentamente, alzó la vista a la bandera y se percató que el cordón que la izaba en su sitio, iba desde la punta del mástil, atravesaba el césped y terminaba en una ventana abierta en lo alto de la mansión donde estaba sentada tejiendo tranquilamente la dama con la cual había acabado de conversar. ¿Arriarían la bandera? La señora Pritchard considera que no; y el contraalmirante Du Petit Thouars es de la misma opinión.












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