Typee
Typee Cuando el viejo Marheyo recibió su parte del botín, de inmediato se dispuso al banquete de medianoche: las jícaras de poí-poí casi se desbordaban, se asaron frutas del pan tiernas, se cortó una torta de amar con un cuchillo de bambú y todo se sirvió en una inmensa hoja de plátano.
Durante el banquete nos alumbramos con varias lámparas indígenas, sostenidas por muchachas. Estas lámparas están hechas con gran ingeniosidad. En el valle abunda una nuez, llamada armor por los taipis, que se parece mucho a nuestra castaña. Se rompe la cáscara y se extrae el contenido. Cierto número de ellas se ata a voluntad en la larga y elástica fibra que atraviesa la rama del cocotero. Algunas de estas lámparas tienen ocho o diez pies de largo; pero gracias a su flexibilidad, uno de sus extremos se enrolla y el otro se enciende. La nuez arde con una llama azulada y el aceite que contiene se quema en unos diez minutos. Al consumirse una, se prende la siguiente y las cenizas de aquella se depositan en una cáscara de coco dispuesta para ese fin. Esta lámpara primitiva necesita una atención continua y debe sostenerse en la mano. La persona empleada en ese menester marca el tiempo transcurrido por el número de nueces consumidas, que se cuentan fácilmente por los pedacitos de tapa distribuidos a intervalos regulares en la cuerda.