Typee
Typee En Tior mostró la misma indolencia hacia las creencias religiosas de los isleños, como ya la había mostrado por las supersticiones de los marineros. Habiendo oído que había un considerable número de aves en el valle —descendientes de unos gallos y gallinas abandonados allí accidentalmente por barcos ingleses y los cuales, por ser considerados tabú, volaban de un lado a otro libremente—, decidió violar todas las restricciones y darles muerte. En consecuencia, se proveyó de una formidable escopeta y anunció su desembarco en la playa matando a un noble gallo que cantaba sobre la cima de un árbol cercano lo que sería su propio funeral.
—¡Tabú! —gritaron los atemorizados salvajes.
—¡Al diablo vuestro tabú! —dijo el cazador—. ¡Hablad de tabú a los marineros! —y volvió a disparar su escopeta matando a otra víctima. Al verlo, los nativos echaron a correr por la selva horrorizados por aquel acto.
Toda la tarde en las laderas rocosas del valle retumbaron los disparos y el soberbio plumaje de las aves se rasgaba por el fatal proyectil. Si no hubiera sido porque el almirante francés, con una gran partida, se encontraba entonces por el lugar, no tengo la menor duda de que los nativos, a pesar de su número reducido y disperso, hubieran infligido una venganza sumaria al hombre que ultrajaba de esa forma sus instituciones más sagradas; y aún así, consiguieron enojarlo bastante.