Typee
Typee Sediento por el ejercicio, el capitán dirigió sus pasos a un arroyo, pero los salvajes, que lo habían seguido de cerca, percatándose de su objetivo, corrieron hacia él y lo obligaron a marcharse de su orilla: sus labios habrían manchado sus aguas. Quiso entrar a una casa para descansar un rato sobre las esteras; sus moradores se agruparon en tumulto en la puerta y le negaron la entrada. Protestó y conjuró, pero todo fue en vano; los nativos ni se asustaron ni se convencieron y fue obligado por último a reunir a la tripulación del bote y marcharse de lo que llamó el lugar más infernal que jamás había pisado.
Suerte para él y para nosotros que los exasperados tiors no honraran nuestra partida con una lluvia de piedras. Así habían matado, en la vecina isla de Ropo, unas semanas antes y por una causa similar, al capitán y a tres tripulantes del "K..."
No puedo determinar con exactitud qué fuerza impone el tabú. Cuando pienso en las leves diferencias de condición social entre los isleños, las muy limitadas e insignificantes prerrogativas del rey y los jefes, y las holgadas e indefinidas funciones de los sacerdotes, la mayoría de los cuales no se diferenciaban del resto de sus compatriotas, no sé dónde buscar la autoridad que rige a esta poderosa institución. Hoy se impone sobre una cosa y al día siguiente se retira; mientras que en otros casos sus costumbres son perpetuas.