Typee
Typee Los mismos preparativos para una de estas expediciones bastan para amedrentarlo a uno. Como el barco no lleva carga, sus bodegas se llenan de provisiones para consumo propio. Los armadores, que fungen como proveedores para el viaje, abastecen la despensa con gran abundancia. Porciones escogidas de cerdo y res, cortadas según cálculos científicos de cada parte del animal, y de todas las formas y tamaños concebibles, se salan, embalan y almacenan en barriles; y adoptan después una interminable variedad en sus distintos grados de dureza y en las peculiaridades de su salinidad. El agua también, decantada en fuertes toneles de seis barriles, se reparte a razón de dos pintas diarias por persona de a bordo; le sigue un amplio surtido de pan de mar, previamente reducido a un estado de petrificación con vistas a preservarlo tanto del deterioro como de su consumo en modo normal, suministrado para nutrición y disfrute gastronómico de la tripulación.
Pero sin referirnos a la calidad de estos artículos de consumo de los marineros, la abundancia con que se suben a bordo de un ballenero resulta casi increíble. En ocasiones, cuando tenemos la oportunidad de entrar en la bodega y se ven las sucesivas hileras de toneles y barriles, cuyo contenido está destinado a consumirse en su debido momento, el corazón salta dentro del pecho.