Typee

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Esto me convenció de que algunos forasteros, quizá compatriotas míos, por una causa u otra habían entrado en la bahía. Distraído por la idea de su cercanía e indiferente al dolor que sufría, no presté atención a la afirmación de los isleños de que no había ningún bote en la bahía y, poniéndome de pie intenté llegar a la puerta. Al instante varios hombres me bloquearon el paso y me ordenaron sentarme. Las feroces miradas de los irritados salvajes me advirtieron que no lograría nada por la fuerza y que sólo mediante súplicas podría lograr mi objetivo.

Guiado por esta idea, me dirigí a Mau-Mau, el único jefe presente a quien veía con frecuencia, y ocultando cuidadosamente mi verdadero plan, traté de hacerle comprender que aún creía que Toby había llegado a la playa y le rogaba que me permitiera ir a recibirlo. A todas sus reiteradas afirmaciones de que no habían visto a mi compañero, fingí no entenderlas a la vez que acompañe mis solicitudes con una elocuencia de gestos que el jefe tuerto pareció no resistir. Realmente me miró como a un hijo caprichoso, a cuyos deseos no tenía el valor de oponerse. Dijo unas palabras a los nativos, los cuales se retiraron al instante de la puerta y pude salir de la casa.



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