Typee
Typee Antes de haber avanzado unas cien yardas, de nuevo estuve rodeado de salvajes, que aún discutían y parecían que en cualquier momento se entrarían a golpes. En medio de este tumulto, el viejo Marheyo se me acercó y nunca olvidaré la bondadosa expresión de su rostro. Me puso el brazo sobre los hombros y pronunció enfáticamente las únicas dos palabras en inglés que le había enseñado: "Casa" y "Madre". Al instante comprendí lo que quería decirme y le expresé mi agradecimiento. Feyawey y Kori-Kori estaban a su lado, ambos lloraban copiosamente; y el viejo tuvo que repetir su mandato dos veces para que su hijo accediera a obedecerlo y subirme de nuevo a su espalda. El jefe tuerto se opuso, pero fue desobedecido y, según me pareció, por uno de su propio grupo.
Proseguimos la marcha y nunca olvidaré el éxtasis que sentí cuando escuché rugir las olas rompiendo en la playa. Pronto vi el brillo del agua entre los árboles. ¡Oh, la imagen y el sonido gloriosos del océano... con qué alegría te saludé como a un amigo conocido! Para entonces ya se hacían más audibles los gritos de la multitud en la playa y en la confusión de sonidos pensé oír las voces de mis compatriotas.