Typee

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Cuando llegamos a la arena, lo primero que vi fue un bote ballenero inglés, de popa a la costa, a sólo unas brazas de ella. Estaba tripulado por cinco isleños vestidos con cortas túnicas de calicó. Mi primera impresión fue de que trataban de sacarlo del agua; y que, después de todos mis esfuerzos, había llegado tarde. Mi corazón se hundió dentro de mí; pero cuando agucé la vista me convencí de que el bote se apartaba de la rompiente; y al siguiente instante escuché mi nombre gritado por una voz procedente del centro de la multitud.

Mirando en dirección del sonido vi, para alegría indescriptible mía, la alta figura de Karakoi, un Kannaka oahu, que había estado con frecuencia a bordo del Dolly, mientras estuvo en Nukujiva. Vestía la verde chaqueta de infantería que le había obsequiado un oficial del Reine Blanche, el buque insignia francés, y que siempre llevaba puesta. Ahora recuerdo que el kannaka me había dicho muchas veces que su persona era considerada tabú en todos los valles de la isla y verlo en un momento así colmó de júbilo mi corazón.

Karakoi estaba parado cerca del borde del agua con un gran rollo de tela de algodón sobre un brazo y dos o tres bolsas de pólvora en una mano, mientras que en la otra asía un mosquete, que parecía ofrecer a los jefes que lo rodeaban. Pero ellos los rechazaron disgustados, con vehementes gestos de que partiera ordenándole hacerlo.


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