Typee
Typee El kannaka, sin embargo, insistía y comprendí en seguida que trataba de comprar mi libertad. Alentado por la idea, le grité que se acercara a mí; pero contestó en un inglés entrecortado que los isleños lo habían amenazado de atravesarlo con sus lanzas si daba un paso. Entonces yo avanzaba aún, rodeado de un gran número de nativos, varios de los cuales tenían su mano puesta sobre mí y más de uno me apuntaba amenazante con su jabalina. No obstante, me di cuenta de que muchos de los menos amistosos conmigo se mostraban indecisos y ansiosos.
Aún mediaban unas treinta yardas entre Karakoi y yo cuando los nativos me impidieron seguir avanzando y me obligaron a sentarme en la arena mientras seguían sujetándome. El tumulto se multiplicó y observé que varios sacerdotes habían llegado a la playa, todos los cuales evidentemente instaban a Mau-Mau y a los demás jefes a evitar mi partida; y desde todos lados gritaban la detestable palabra "¡Runi runi!" que tanto había escuchado ese día. Vi que el kannaka seguía empeñado a mi favor, que discutía osadamente el asunto con los salvajes y se esforzaba por convencerlos mostrándoles la tela y la pólvora y haciendo funcionar el cerrojo del mosquete. Pero todo lo que decía o hacia sólo parecía aumentar los gritos de los que lo rodeaban, quienes parecían dispuestos a lanzarlo al mar.