Typee
Typee Pasé el mosquete a Kori-Kori con un rápido movimiento equivalente a un obsequio; lancé el rollo de tela al viejo Marheyo señalándole a la pobre Feyawey, que se había alejado del agua y se había sentado desconsolada en la arena; tiré las bolsas de pólvora a las muchachas más cercanas, quienes las recibieron ansiosas. La distribución no duró ni diez segundos y antes de terminarla, el bote ya estaba a plena marcha; el kannaka no paró de exclamar la inutilidad de desperdiciar un botín como aquel.
Aunque estaba claro que mis movimientos habían sido vistos por varios nativos, no suspendieron la riña en que se habían metido y sólo después que el bote estuvo a más de cincuenta yardas de la costa, Mau-Mau y otros seis o siete guerreros corrieron al mar y nos lanzaron sus jabalinas. Algunas casi nos rozaron, pero no hirieron a ninguno de los hombres, que remaban con ahínco. Sin embargo, aunque estábamos fuera del alcance de sus lanzas, el avance era lento; el viento soplaba fuerte hacia tierra y la marea no nos favorecía; y vi a Karakoi, que timoneaba el bote, echar muchos vistazos hacia un punto saliente de la bahía el cual teníamos que vadear.