Typee
Typee De eso nada —dijo Toby—. Vamos conmigo ahora y traigámoslo a cualquier precio.
Y dejándose llevar por el impulso del momento, intentó correr hacia el valle. Pero apenas se había volteado, una docena de manos lo aguantaron y entonces supo que no podía regresar.
Fue en vano luchar con ellos; no hicieron caso a sus gritos. Herido en el corazón por este rechazo inesperado, Toby ahora suplicó al marinero que fuera a buscarme él solo. Pero Jimmy contestó que a juzgar por el ánimo de los taipis, ellos no se lo permitirían, aunque creía que no le harían daño alguno.
Poco pensaba Toby entonces, como después sospecharía con toda razón, que este mismo Jimmy era un canalla desalmado que, mediante sus mañas, acababa de incitar a los nativos a no permitirle ir en mi búsqueda. Bien debía saber el viejo marinero que los indígenas nunca consentirían que partiéramos los dos; y por lo tanto quería llevarse a Toby con el propósito que luego revelaría. Mi compañero, sin embargo, desconocía todo esto.