Typee
Typee Seguimos bregando, nuestros cuerpos transpiraban a borbotones, nuestros miembros se arañaban y laceraban por las cañas rotas, cuando de pronto cesó de llover y la atmósfera en torno a nosotros se hizo más pesada y sofocante de lo que uno puede imaginar. Los elásticos juncos se recuperaban con rapidez de la presión temporal de nuestros cuerpos y volvían a su posición inicial: se cerraban tras nosotros a medida que avanzábamos, evitando la circulación del aire que antes nos llegaba. Además, su gran altura nos tapaba totalmente la vista de los objetos circundantes y nunca supimos si avanzábamos en la dirección correcta.
Fatigado por el esfuerzo prolongado y jadeando casi sin aire para respirar, me sentí totalmente incapaz de dar un paso. Me subí las mangas del jersey y exprimí el jugo que contenían en mi boca, pero las pocas gotas que logré extraer no me proporcionaron alivio y me dejé caer por un momento con obstinada apatía, de la cual fui sacado por Toby, quien había diseñado un plan para librarnos de la red en que estábamos atrapados.
Repartió golpes a diestro y siniestro con un cuchillo, cercenando las cañas a uno y otro lado, como un segador, y pronto hizo un claro a nuestro alrededor. Esta escena me reanimó y con mi propio cuchillo, corté y talé sin compasión. Pero ¡ay! mientras más avanzábamos más espesa y alta, y al parecer más interminable se tornaba la maleza.