Infiltrada
Infiltrada La facultad de psicologÃa parecÃa un mundo distinto ahora que Bárbara estaba dentro como infiltrada. Los dÃas brillantes de conferencias y debates quedaron reemplazados por un ambiente cargado de desconfianza, como si las paredes mismas ocultaran secretos. Desde el primer momento, supo que estaba siendo observada, que sus pasos eran medidos por ojos invisibles. En su primera reunión con el decano, intentó mantener su fachada impecable. —Es un honor estar aquÃ, aunque sea bajo estas circunstancias —dijo, forzando una sonrisa. El decano la miró con una mezcla de cansancio y sospecha. —Confiamos en que su presencia ayudará a traer algo de paz a la comunidad. Pero tenga cuidado; la tragedia ha dejado cicatrices profundas. Mientras tanto, Malcom no se mantenÃa alejado. Aunque fingÃa desinterés, se encontraba con Bárbara al final de los pasillos, o en los rincones oscuros del campus. —¿Te das cuenta de que esto puede acabar mal? —le susurró durante una conversación fugaz en el estacionamiento. —Y también puede acabar resolviendo el asesinato de mi amiga —respondió Bárbara, cruzando los brazos con firmeza—. No tengo miedo, Malcom. —Tal vez deberÃas tenerlo —replicó él, con una mirada que contenÃa más preocupación que reproche. La rutina de Bárbara dentro de la facultad le dio acceso a los colegas de Hanna. Susan, una profesora nueva, parecÃa ansiosa por agradar. —Hanna siempre fue un modelo para mÃ. Nunca creà que algo asà pudiera pasar aquÃ. —¿SabÃa si Hanna tenÃa problemas con alguien? —preguntó Bárbara, notando el ligero temblor en la voz de Susan. —No que yo supiera... aunque... —Susan bajó la voz—. HabÃa rumores de que discutÃa con alguien, pero nunca supe quién. La pista era endeble, pero suficiente para empezar. En las noches, Bárbara revisaba los archivos que Hanna habÃa dejado en su oficina. Las notas estaban incompletas, pero habÃa un patrón: referencias a un "Proyecto Veritas" y menciones de nombres que desconocÃa. ¿HabÃa estado Hanna trabajando en algo que no debÃa? Una noche, mientras Bárbara caminaba por el pasillo principal, sintió que algo no estaba bien. Las luces titilaban, y el eco de sus pasos parecÃa multiplicarse. Al llegar al despacho de Hanna, encontró la puerta entreabierta. Al entrar, el aire estaba helado. Sus ojos se posaron en el escritorio, donde alguien habÃa dejado un mensaje escrito en rojo: "No sigas buscando". —¿Quién anda ahÃ? —gritó, girándose, pero solo encontró el vacÃo. Respiró hondo, intentando calmar su mente. Era una advertencia, y no planeaba ignorarla. El incidente fortaleció su resolución, pero también encendió una chispa de paranoia. Las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar. Los rostros amigables de sus colegas ahora se sentÃan como máscaras. ¿Quién estaba mintiendo? ¿Quién la observaba desde las sombras? Bárbara sabÃa que estaba a punto de cruzar un umbral del que no habrÃa retorno. El abismo la llamaba, y ella estaba lista para dar el siguiente paso, aunque el precio fuera demasiado alto.
