Infiltrada
Infiltrada Bárbara sintió que el tiempo se ralentizaba mientras recorrÃa los pasillos de la facultad. Cada paso era una batalla contra la ansiedad que la envolvÃa como una bruma. El descubrimiento de los documentos de Hanna y el mensaje anónimo habÃan cambiado las reglas del juego. Ahora sabÃa que no solo estaba buscando respuestas, sino que alguien la vigilaba. Alguien dispuesto a silenciarla si se acercaba demasiado a la verdad. La noche siguiente, decidió confrontar a Susan. Su nerviosismo habÃa ido en aumento, y Bárbara no podÃa ignorar la posibilidad de que la profesora nueva supiera más de lo que admitÃa. —Susan, necesito saber qué recuerdas sobre Hanna. Algo que no me hayas contado. Susan se retorció las manos, su voz apenas un murmullo. —HabÃa algo extraño en sus últimas semanas... Hablaba de que la estaban siguiendo, pero pensé que era paranoia. DecÃa que algunos de sus compañeros la querÃan fuera. —¿Sabes quiénes? —Bárbara fijó su mirada en ella, intensa, casi implacable. Susan negó rápidamente, como si temiera que cualquier palabra más la implicara. Bárbara dejó la conversación frustrada, pero más convencida de que estaba en el camino correcto. Esa misma noche, mientras examinaba de nuevo los archivos de Hanna, encontró un nombre que la hizo detenerse: Grayson. Las notas de Hanna sugerÃan que él estaba vinculado directamente con el Proyecto Veritas. Más inquietante aún, mencionaban un incidente donde un estudiante habÃa sido llevado al lÃmite emocional como parte de un experimento. Decidió confrontarlo. Lo encontró en su despacho, su expresión tranquila al principio, pero rápidamente transformándose en irritación cuando Bárbara mencionó el Proyecto Veritas. —Esto no tiene nada que ver con la muerte de Hanna —dijo, pero su voz tembló levemente. —Eso no lo decides tú —replicó Bárbara, acercándose—. ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué le hicieron a esos estudiantes? Grayson guardó silencio, sus labios apretados en una lÃnea tensa. Finalmente, soltó una frase que la heló: —Hay cosas que es mejor no saber, doctora. Por su seguridad. Bárbara salió del despacho sintiendo que el aire se volvÃa más pesado a su alrededor. Grayson no era el único. HabÃa más nombres en esos archivos, y cada uno representaba una pieza en un rompecabezas siniestro. Pero antes de poder procesarlo, recibió una llamada de Malcom. —Tienes que salir de ahà —le dijo con urgencia. —¿Qué pasó? —Intercepté un mensaje en el sistema interno de la facultad. Alguien te ha identificado, Bárbara. Estás en peligro real. Pero antes de que pudiera responder, un ruido en el pasillo la hizo detenerse. Cerró el teléfono rápidamente y se giró hacia la puerta. Una sombra se movió al otro lado del cristal esmerilado. Su corazón se aceleró mientras se acercaba con cautela. —¿Quién está ahÃ? —preguntó, su voz firme pero con una pizca de temblor. El silencio fue su única respuesta. Cuando abrió la puerta, el pasillo estaba vacÃo, pero una hoja de papel descansaba en el suelo. La recogió y la giró lentamente. Las palabras escritas eran escalofriantes: "Eres la siguiente." Esa noche, Bárbara no durmió. SabÃa que el depredador estaba cada vez más cerca. Y ahora no era solo Hanna quien necesitaba justicia. Era su propia vida la que estaba en juego. Sin embargo, en medio del miedo, una chispa de determinación seguÃa ardiendo en su interior. El juego estaba llegando a su clÃmax, y Bárbara se negaba a ser una vÃctima.
