Carmen
Carmen No me correspondía el honor de haber descubierto tan bello lugar. En él se encontraba ya un hombre descansando, que estaba durmiendo, sin duda, cuando llegué. Despertado por los relinchos, se había levantado y se había acercado a su caballo, el cual había aprovechado el sueño de su amo para darse un banquete de hierba por los alrededores. Era un joven gallardo, de estatura media, pero de aspecto robusto, de mirada sombría y altanera. Su tez, que había podido ser bella, se le había puesto, por la acción del sol, más oscura que el pelo. Con una mano sujetaba el ronzal de su cabalgadura, con la otra, un trabuco de cobre. Confesaré que, en el primer momento, el trabuco y el aspecto huraño de su dueño me sorprendieron un poco; pero no creía ya en los bandoleros, a fuerza de oír hablar de ellos y no encontrarlos jamás. Además, había visto a tantos honrados cortijeros armarse hasta los dientes para ir al mercado, que la presencia de un arma de fuego no me autorizaba a poner en duda la moralidad del desconocido. — «Y además —me decía a mí mismo— ¿qué haría él con mis camisas y mis Comentarios de Elzévir?». Saludé, pues, al hombre del trabuco con un movimiento familiar de cabeza, y le pregunté sonriendo si había turbado su sueño. Sin responderme, me miró de arriba a abajo; después, como satisfecho de su examen, miró con la misma atención a mi guía, que se acercaba. Vi a éste palidecer y detenerse, dando muestras de un terror evidente. «¡Mal encuentro!», me dije. Pero la prudencia me aconsejó inmediatamente no manifestar ninguna inquietud. Me apeé; dije al guía que desembridara, y, arrodillándome en la orilla del manantial, sumergí en él la cabeza y las manos; después bebí un buen trago, echado de bruces, como los malos soldados de Gedeón. Observaba mientras tanto a mi guía y al desconocido. El primero se acercaba de mala gana; el otro parecía no tener malas intenciones hacia nosotros, pues había dejado de nuevo en libertad a su caballo, y el trabuco, que al principio mantenía horizontal, estaba ahora dirigido hacia el suelo.
