Carmen
Carmen Mientras estaba oculto en Granada, hubo corridas de toros a las que Carmen asistió. Al volver, me habló mucho de un picador muy diestro llamado Lucas. Sabía el nombre de su caballo, y cuánto le costaba la chaquetilla bordada. No le di importancia. Juanito, el camarada que me quedaba, me dijo unos días después que había visto a Carmen con Lucas en un comercio del Zacatín. Eso comenzó a alarmarme. Pregunté a Carmen cómo y por qué había conocido al picador. «Es un muchacho, —dijo— con quien se puede hacer negocio. Cuando el río suena, agua o piedras lleva. Ha ganado 1.200 reales en las corridas. Una de dos: o bien hay que conseguir ese dinero, o bien, como es buen jinete y un chico valiente, se le puede hacer de nuestra banda. Tal y tal han muerto, tienes que reemplazarlos. Tómalo contigo.