El dominico blanco
El dominico blanco Sobre el altar se lee la inscripción: «Flos florum… Así estaré sin duda dentro de trescientos años». Han clavado encima una tabla coloreada, pero siempre acaba cayéndose. Todos los años, en la fiesta de la Virgen.
Dicen que en ciertas noches de luna nueva, cuando está tan oscuro que no se ve la mano delante de los ojos, la iglesia proyecta una sombra blanca sobre la negra plaza mayor y que es la figura del dominico blanco Penyafort.
Cuando los niños de la inclusa y el orfanato cumplíamos doce años, teníamos que confesarnos por primera vez.
—¿Por qué no has venido a confesarte? —me interpeló al día siguiente el capellán.
—¡Me he confesado, señor cura!
—¡Mientes!
Entonces le conté lo ocurrido: