El dominico blanco
El dominico blanco Por fin puedo salir otra vez. Mi padre ha dicho que ya no debo encender más los faroles, ni ahora ni después.
Desconozco el motivo.
El sirviente de la comunidad atenderá a este menester, como hacÃa antes de mi llegada.
¡Mis primeros pasos —con el corazón tembloroso— se dirigen a la escalera, frente a la ventana! Pero las cortinas del otro lado permanecen corridas.
En el pasaje, después de una larguÃsima espera, he encontrado a la sirvienta que trabaja en su casa y la he interrogado.
¡Ahora ya es realidad lo que yo intuÃa y temÃa vagamente! ¡Ofelia me ha abandonado!
La vieja dice que el actor ParÃs ha viajado con ella a la capital.
Ahora también sé por qué he firmado el pagaré; he recuperado la memoria. Él me prometió no dejarla trabajar en el teatro si yo le conseguÃa dinero.
¡Tres dÃas después rompió su palabra!
Cada hora que pasa me dirijo al banco del jardÃn. Me miento a mà mismo: Ofelia está allà sentada, esperándome, ¡sólo se esconde para correr en seguida a mis brazos con un grito de júbilo!