El dominico blanco

El dominico blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En medio de la ciudad descuella un edificio largo, parecido a un castillo, sin otra utilidad que captar el calor abrasador del sol otoñal con centelleantes ventanas sin párpados. En el empedrado redondo de la siempre desierta plaza mayor, en la que los grandes quitasoles de los vendedores, entre montones de canastas invertidas, parecen gigantescos juguetes olvidados, la hierba crece entre los intersticios de las piedras.

A veces, los domingos, cuando el calor quema los muros del barroco ayuntamiento, surgen de la tierra los sonidos ahogados de una música de instrumentos de metal, traídos por un fresco soplo de viento; su volumen aumenta, el portón de la posada La Posta, llamada Fletzinger, se abre de repente y una comitiva nupcial engalanada con trajes típicos avanza con paso lento hacia la iglesia; los muchachos, con fajas policromas, agitan vistosas guirnaldas, y delante desfila un enjambre de niños, encabezado por un cojo de diez años, ágil como una comadreja, pese a sus muletas, y medio loco de alegría, como si el alborozo de la fiesta sólo le perteneciera a él, mientras todos los demás están serios y solemnes.

Cuando aquella primera noche ya me había acostado para dormir, se abrió la puerta y de nuevo me invadió un temor indefinido, porque el barón se me acercó y tuve miedo de que quisiera atarme, como había amenazado. Pero sólo dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker