El dominico blanco
El dominico blanco Por su modo incoherente de pronunciar las frases y de reanudar la charla una y otra vez después de breves e involuntarias pausas, me di cuenta de que su memoria le fallaba y después, según recuperaba o perdía el aliento, volvía a funcionarle. Era como un flujo y reflujo de su conciencia. «Jamás se ha repuesto de aquella espantosa tortura en el ataúd de metal —pensé instintivamente—. Sigue siendo un sepultado en vida».