El dominico blanco

El dominico blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

A lo cual la voz tímida de la muchacha contesta:

—¡Oh, aquí se ha ahuyentado a un espíritu noble! Fuerzas celestiales, traedle de nuevo.

Entonces callan las dos y oigo una ligera palmada.

Al cabo de media hora de total silencio, durante el cual sale por la ventana el olor de un asado grasiento, alguien lanza por entre los visillos una colilla de cigarro mordisqueada y todavía encendida que rebota, despidiendo chispas, contra la pared de nuestra casa y va a caer sobre el empedrado del pasaje.

Sigo sentado, mirando fijamente la ventana, hasta bien entrado el atardecer.

Cada vez que se mueven las cortinas, el corazón me palpita con gozoso sobresalto: ¿se asomará Ofelia a la ventana? Y si lo hace, ¿debo salir de mi escondite?

He cogido una rosa roja. ¿Me atreveré a lanzársela? ¡Pero al menos tendría que decir algo! ¿Qué?

No se me ocurre nada.

La rosa empieza a marchitarse en mi mano caliente, y al otro lado continúa todo como muerto. Sólo el olor de café quemado ha sustituido al del grasiento asado…

Por fin: unas manos femeninas apartan los visillos. Por un instante todo me da vueltas y luego aprieto los dientes y lanzo con decisión la rosa hacia la ventana abierta. Una ligera exclamación de sorpresa y… la señora Aglaja Muts-chelknaus aparece en el marco.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker