El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] De igual modo que podía reencontrarme en los días de mi juventud, si recitaba el abecedario al revés, de la Z a la A, para llegar al punto en que comencé a aprender en el colegio, precisamente así, comprendí yo, debía poder dirigirme a la otra patria lejana, que está más allá de todo pensamiento. Un mundo de trabajo se me echaba encima. Se me ocurrió que también Hércules llevó un tiempo sobre su cabeza la cúpula del cielo y un significado oculto centelleó hacia mí desde la leyenda. Y al igual que Hércules se liberó con su astucia, al pedirle al gigante Atlas: «Déjame que rodee mi frente con cuerdas para que la espantosa carga no reviente mi cerebro», así es posible, me pareció, que encuentre un camino oscuro que me aleje de ese arrecife.
Pero de repente se deslizó en mí un profundo enojo por seguir confiando ciegamente en el liderazgo de mis pensamientos. Me tendí y cerré con los dedos los ojos y los oídos, para no dejarme distraer por los sentidos. Para matar todo pensamiento.
Pero mi voluntad se estrelló contra la férrea ley: siempre podía apartar un pensamiento con otro, y cuando moría uno, ya se cebaba el próximo con su carne. Huí a la rugidora corriente de mi sangre, pero los pensamientos me siguieron pegados a mis talones; me escondí en los latidos de mi corazón pero, transcurrido un momento, ya me habían descubierto.