El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Antes de que pudiera comprender la visión, el monje volvía a estar allí. Mi pulso latía con fuerza.
La infortunada mujer se había inclinado sobre mi mano y lloraba en silencio.
Le di de la fuerza que había entrado en mí cuando había leído la carta y que ahora volvió a invadirme, y comprobé que lentamente se iba recuperando.
—Quiero decirle por qué he recurrido precisamente a usted, maestro Pernath —comenzó a hablar tras largo silencio—. Ha sido por un par de palabras que me dijo aquella vez… y que no he podido olvidar a través de los muchos años…
¿Muchos años? Se me heló la sangre en las venas.
—Usted se despidió de mí… no sé por qué ni cómo, aún era una niña… y me dijo con tanta amabilidad, aunque también con tristeza: «Nunca llegará ese momento, pero acuérdese de mí si alguna vez no tiene a quién recurrir. Tal vez Dios nuestro Señor me conceda que ya sea quien pueda ayudarla». Aquella vez me di la vuelta rápidamente y tiré la pelota a la fuente para que no viera mis lágrimas. Y luego quise regalarle el rojo corazón de coral que yo llevaba alrededor del cuello en una banda de seda, pero me dio vergüenza porque me pareció un gesto ridículo.
Recuerdo