El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Los dedos del espasmo palpaban buscando mi garganta. Ante mí apareció un resplandor, como de un país olvidado y lejano del anhelo… de súbito y espantosamente: una niña con un traje blanco y alrededor la oscura pradera del parque de un castillo, rodeado de viejos olmos. Lo volví a ver claramente ante mí.
Debí haberme sonrojado, lo noté por la prisa con que prosiguió:
—Ya sé que sus palabras de entonces surgieron del ambiente de despedida, pero para mí fueron un consuelo y… le doy las gracias por ellas.
Apreté los dientes con todas mis fuerzas y devolví a mi pecho el alarido de dolor que me desgarraba.
Lo comprendí: había sido una mano clemente la que había corrido el cerrojo ante mi recuerdo. En mi consciencia se dibujaba ahora con claridad lo que un resplandor sacaba a la luz de días pasados: un amor demasiado fuerte para mi corazón había roído mi pensamiento durante años, y la noche de la demencia fue entonces el bálsamo para mi espíritu herido.
Poco a poco se posó sobre mí el sosiego de haber muerto y enfrió las lágrimas tras mis párpados. El eco de las campanas resonó solemne y orgulloso por el interior de la catedral y pude mirar con alegría en los ojos de la que había venido a buscar mi ayuda.
Una vez más oí el golpe de la puerta al cerrarse y los cascos de los caballos.