El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Casi me sumió en la melancolía el pensamiento de que ya no podría pasear más por él. Si se reconstruía, ya no sería el enigmático antiguo puente de piedra.
Durante horas tuve que pensar en ello, mientras trabajaba en la gema; y de una manera tan evidente como si no lo hubiera olvidado, se tornó vivo en mí: cuántas veces de niño, y también en años posteriores, había mirado hacia la imagen de san Luitgardo y de todos los otros santos que ahora yacían en las bulliciosas aguas.
Las pequeñas cosas que en mi juventud había llamado mías las había vuelto a ver en espíritu… y a mi padre y a mi madre y a los camaradas de colegio. Pero tan sólo no podía recordar la casa en que había vivido.
Lo sabía, algún día, de repente, cuando menos lo esperara, estaría de nuevo ante mí: y yo me alegraba ya por anticipado.
La sensación de que todo se desarrollaba en mí de una manera natural y simple era tan agradable. Cuando anteayer había sacado el libro Ibbur del estuche —no había nada de asombroso en su aspecto, bueno, salvo lo propio de un libro antiguo de pergamino adornado con valiosas iniciales—, me pareció de lo más evidente.