El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] La camarera se pone a pensar:
—¿Entre los huéspedes? No… Pero, espere, el apuntador de billar que está allà jugando con un estudiante, ¿le ve? El de la nariz ganchuda, el viejo… ese siempre ha vivido aquà y le dirá todo lo que quiera. ¿Quiere que le llame cuando termine?
Seguà la mirada de la joven:
Un hombre viejo, delgado y de pelo blanco, se apoya en el espejo y unta el taco con una tiza. Un rostro devastado, pero extrañamente noble. ¿A qué me recuerda?
—Señorita, ¿cómo se llama el apuntador?
La camarera se apoya de pie con un codo en la mesa, chupa un lapicero, escribe deprisa su nombre innumerables veces sobre el mármol y lo vuelve a borrar cada vez con el dedo húmedo. Entretanto me arroja miradas más o menos ardientes, en la medida en que lo consigue. Tampoco deja de levantar al mismo tiempo las cejas, pues eso aumenta la fascinación de la mirada.
—Señorita, ¿cómo se llama el apuntador? —repito mi pregunta. Veo que hubiera preferido oÃr: señorita, ¿por qué no lleva sólo el frac?, o algo similar; pero no se lo pregunto; estoy obsesionado con mi sueño.
—No, cómo se llama… —dijo enojada—, Ferri se llama… Ferri Athenstädt.
—¿S� ¡Ferri Athenstädt!
Hm, de nuevo un viejo conocido.