El rostro verde
El rostro verde »Más tarde, tras la fiesta de los Tabernáculos, vino Elias y comió en nuestra mesa. Yo sabÃa que se trataba de Elias, pero Berurje pensaba que su nombre era Chidher el Verde.
Sephardi se sobresaltó. ¡El mismo nombre habÃa sido mencionado la tarde anterior en Hilversum, cuando el barón Pfeill contó las experiencias de Hauberrisser!
—En la comunidad se reÃan de mÃ. Siempre decÃan: «¿Eidotter?, Eidotter es un Nebbochant, anda por ahà como un demente». No sabÃan que Elias me instruÃa en la doble ley que Moisés transmitió a Josué, de la boca al oÃdo —sus rasgos, iluminados por la revelación, se transfiguraron—. Tampoco sabÃan que Él intercambió en mà las dos luces de los Makifim. Después hubo una persecución de judÃos en Odessa. Tendà mi cabeza, pero el golpe fue a parar a Berurje, su sangre corrió por el suelo cuando intentaba proteger a los niños. Los niños murieron a golpes, uno tras otro.
Sephardi se levantó de un salto, se tapó los oÃdos, y espantado, clavó la vista en Eidotter, cuyo sonriente rostro no traslucÃa huella alguna de emoción.
—Ribke, mi hija mayor, gritaba pidiéndome ayuda cuando se abalanzaron sobre ella, pero me tenÃan agarrado. Entonces la rociaron con petróleo y… le prendieron fuego.