Historia de un pepe
Historia de un pepe —Ella no me ha dicho jamás que vaya a casarse —contestó Matilde visiblemente contrariada. Doña Engracia, excelente señora, a quien habÃan casado a la edad de dieciséis años con don Pedro de Espinosa de los Monteros, porque las familias consideraron que asà convenÃa, y que ignoraba completamente lo que era el amor y los celos, no hizo mucho alto en el desagrado de su hija. Don Pedro, que vivÃa entregado a la polÃtica pensaba en aquel momento en las últimas noticias de España recibidas por el correo de Veracruz, y habÃa olvidado ya al cadete Fernández y a Pie de lana, ocupando su espÃritu lo que acababa de leer en las Gacetas, de las perfidias de Napoleón y de las desgracias del inocente y cautivo Fernando. Sólo la vieja negra tuvo bastante perspicacia para leer lo que pasaba en el corazón de su señorita; pero no dijo una palabra.
Dos dÃas después llegó a la ciudad Gabriel Fernández, transportado con las precauciones que exigÃa su situación, desde el punto donde habÃa tenido lugar el combate.