Historia de un pepe
Historia de un pepe —Pues ya que usted, mi buen amigo, da tanta importancia a ese casamiento, ¿por qué no hace que se verifique cuanto antes? Si el padre no contesta, que vayan los novios a misa y cuando el cura eche la bendición, que grite él, «ésta es mi mujer» y ella «éste es mi marido»; quedarán unidos como dos tortolitas y a ver quién deshace lo hecho. De otro modo, amigo mÃo, la niña se expone a que de un dÃa a otro cacen el pájaro en alguna otra parte. El teniente, con su caballo árabe, sus pajes moros y lo del lance de la defensa del situado, ha echado fama. Dicen que ha de heredar un millón y que no parará hasta teniente general; con que vea usted si le faltarÃan novias que suspiren por él y madres que anden tratando de pescarlo para sus hijas. No hay que dejar enfriar el caldo, amigo don Feliciano; dÃgale usted muy clarito al teniente que es preciso o errar o quitar el banco. El quiere a la niña, y es seguro que se decide a lo del clandestino. Conque manos a la obra, pues si usted lo deja al tiempo y está aguardando esa respuesta de España que nunca llega, el dÃa menos pensado se lleva el diablo lo de la boda y usted se arrepentirá de haber andado tan escrupuloso y timorato.