Historia de un pepe
Historia de un pepe —Demasiado lo sé —replicó Rosales—. Nunca he debido a mi tÃo más que consejos y favores insignificantes, aunque sà debo confesar que me ha hecho uno que no podré pagarle suficientemente: el de colocarme al lado de usted.
—Es verdad, me habló para que lo recibiera a usted en mi bufete —dijo don Diego—, y aunque no me gustaba tener pasantes, accedà por consideración a la casa, cuyos negocios todos están a mi cargo. Pero dejemos eso y vamos a lo que más importa. Yo no puedo creer que ese teniente sea hijo de don Fernando Fernández de Córdoba. No ha faltado quien me diga que fue expuesto a las puertas de la casa, aunque nada podÃa asegurarse con certeza sobre el particular.
—¿No ha examinado usted los libros de la Parroquia, a que pertenecÃa la casa de Fernández en la época en que debe haber nacido ese joven? —preguntó Rosales.