Historia de un pepe
Historia de un pepe —¿Y si me apoyara el presidente? ¿No harÃa eso inclinar la balanza a mi favor? Es muy probable; es casi seguro. Bustamante no quiere a esa gente, y se alegrará de imponerles un alcalde que no sea de su cÃrculo. Todo dependerá de lo que yo me comprometa a hacer. El hombre es perspicaz y le gustan los caracteres atrevidos. Es necesario probar.
Don Diego acabó de madurar su plan aquella misma noche, y al siguiente dÃa, como a las nueve de la mañana, se presentaba en palacio y solicitaba una audiencia. No se le hizo esperar mucho tiempo. El teniente general de la armada, don José de Bustamante y Guerra, presidente de la Audiencia, gobernador y capitán general del reino, recibió al licenciado don Diego de Arochena en su gabinete, de pie, junto a una mesa cargada de papeles. El viejo marino fijó la vista en aquel joven licenciado bizco y pelirrojo, a quien no conocÃa personalmente, pero de quien tenÃa noticias, a la verdad no muy favorables. Se lo habÃan pintado como un abogadillo a quien no faltaba talento; pero enredador y malicioso. Supuso que el objeto de la visita serÃa hablarle de algún negocio judicial pendiente, y se preparó a dar unas pocas respuestas, secas y concisas, a las argucias del leguleyo.
—¿Qué se le ofrece a usted? —preguntó el presidente, sin dar asiento a don Diego, ni tomarlo él mismo, como para indicarle que la audiencia debÃa ser corta.