Historia de un pepe
Historia de un pepe —Vengo —contestó Arochena—, a hablar a vuestra excelencia de un asunto en que está interesado el servicio del rey; en dos palabras: a solicitar el nombramiento de alcalde de primer voto para el año entrante.
El viejo funcionario, medio asombrado y medio impaciente al oÃr aquella salida, tan diferente de lo que esperaba y que podÃa calificarse de insolente, atendidas las circunstancias del sujeto, contestó después de un momento de silencio:
—¡Usted alcalde de primer voto! ¿Ha perdido usted el juicio, o cree que soy yo un hombre con quien puede chancearse?
—Ni he perdido el juicio —replicó Arochena, en tono respetuoso, pero firme—, ni soy hombre que me permita chancear cuando se trata de asuntos graves.
—¿Cuenta usted con el voto de algunos de los electores?
—Con ninguno.
—¿Y cuál es su objeto al solicitar un puesto que no se da sino a los sujetos más distinguidos de la ciudad?
—Son dos: hacer un servicio importante al rey y vengarme.
—Siéntese usted, licenciado —dijo el capitán general—, y explÃquese.