Historia de un pepe
Historia de un pepe Don Pedro Espinosa de los Monteros, que era el primero que leía en Guatemala la «Gaceta de Cádiz», vio inmediatamente el decreto de ascensos a jefes y oficiales del reino, y comunicó la fausta nueva a su esposa y a su hija. Estaba, pues, cumplida una de las condiciones puestas para que se verificará la boda, y faltaba únicamente que se cumpliese la otra, la noticia del permiso del padre del novio, que según los cálculos, se recibiría de un momento a otro.
Gabriel no se dio mucha prisa para ir a participar a la familia de Espinosa la gracia que se le había concedido; pues dejó pasar tres días antes de presentarse a su futura con las dos charreteras de capitán. ¿Qué ocupación tan importante absorbía el tiempo del joven oficial, que lo hacía faltar así a sus deberes de prometido esposo? Pena nos da el tener que confesar que la gran ocupación de nuestro héroe no era otra que la de sus vergonzosas relaciones con Manuelita la Tatuana. No nos atreveremos a llamar amor al sentimiento que experimentaba Gabriel por aquella moza. Nuestra lengua, tan rica en lo general, suele carecer algunas veces de palabras con qué expresar ciertas ideas. Dejamos pues, al prudente lector que le aplique el nombre que encuentre más adecuado, una vez que no es difícil comprender la naturaleza de la afección que unía al nuevo capitán con la nieta de la bruja.