Historia de un pepe
Historia de un pepe Abriolo v vio que contenía una memoria en que don Fernando refería minuciosamente el hecho, que conocen nuestros lectores, de haber sido expuesto a las puertas de su casa, en la madrugada del 28 de diciembre de 1792, un niño de padres desconocidos, a quien él y su esposa recogieron por caridad, dándole el nombre de Gabriel y su propio apellido. Agregaba que al morir su esposa, le había hecho prometer que mientras él viviera, guardaría estrictamente aquel secreto, y que se proponía cumplir la promesa. Que resuelto a salir del país y no estando obligado a llevar consigo al expósito, lo dejaba al cuidado de un antiguo criado de la casa, con algún dinero para sus gastos, mientras aprendía algún oficio. Que no podía ni quería hacer más por un niño que no era hijo suyo, y que rogaba a su buen amigo don Andrés de Urdaneche, su único corresponsal en Guatemala, que al tener noticia de su muerte, pusiera en conocimiento del llamado Gabriel, cuál era su origen y que ningún derecho le asistía a reclamar parte alguna de su herencia. Firmaban aquella declaración, como testigos del hecho de haber sido expuesto el niño a sus puertas, dos criados que lo presenciaron. Agregaba, por último, que don Andrés estaba en plena libertad de hacer público el contenido de aquella declaración, que hacía bajo juramento.